sábado, 25 de septiembre de 2021

La excepción y la regla (3)

Pedro Conde Sturla

24 septiembre, 2021

En el camino hacia Urga el changador va cantando alegremente y el comerciante se molesta, le parece infantil e irresponsable que su empleado se ponga a cantar en una zona infestada por bandidos y lo considera irresponsable. Todo lo que el coolí hace le parece sospechoso.


¿De qué trata en realidad la historia, cuál es el meollo del asunto? Evidentemente no se trata de un simple viaje. Desde el principio Bertolt Brecht nos invitó a observar “con atención la conducta de esta gente”, a desconfiar de las apariencias, a no considerar “lo habitual como una cosa natural”. ¿Es natural que el comerciante se preocupe solamente por sus intereses, que no le importe el cansancio ni los problemas que pueda tener el coolí? ¿Es natural que el comerciante se situé en el centro de su universo y que todo lo demás carezca de importancia? El comerciante cree que todo esto es cierto porque “El Dios que creó todas las cosas hizo al patrón y al sirviente. Y está bien así”. Lo natural, o lo que parece natural, refleja entonces el carácter inmutable de la creación y no puede cambiar, no cambiará nunca. Por eso Brecht recela, desconfía y nos invita a desconfiar de todo lo que parece natural, inexplicable e incomprensiblemente natural. Para Brecht nada debe parecer imposible de cambiar.

A ORILLAS DEL RÍO IMPETUOSO
COOLI: Vamos bien, patrón. Lo que vemos ahí es el río Mir. En esta época suele cruzarse con facilidad, pero cuando las aguas crecen mucho, corre con fuerza y es peligroso. Y ahora hay corriente.
COMERCIANTE: Tenemos que llegar al otro lado.
COOLI: A veces hay que esperar una semana para cruzar sin peligro. Hacerlo ahora es jugarse la vida.
COMERCIANTE: Ya se verá. No
podemos esperar ni un solo día.
COOLI: Entonces tenemos que buscar un paso más estrecho, o un bote.
COMERCIANTE: Tardaríamos demasiado.
COOLI: Pero yo nado muy mal.
COMERCIANTE: El agua no está tan alta.
COOLI: (MIDIENDO CON UN
PALO): Me cubriría completamente.
COMERCIANTE: Una vez en el agua, nadarás, pues no tendrás otro remedio. ¿Te das cuenta? No ves las cosas como yo. ¿Por qué debemos ir a Urga? Tonto... ¿No lo entiendes, que se le hace un bien a la humanidad haciendo surgir petróleo del suelo? Cuando salga el petróleo, aquí habrá ferrocarriles y el bienestar se expandirá. Habrá pan, ropa y Dios sabe cuántas cosas más. ¿Y quién lo hará? Nosotros. Todo esto depende de nuestro viaje. Imagínate que las miradas del país entero están fijas en ti... en un hombre humilde... ¿Y aún vacilas en cumplir con tu deber?
COOLI: (QUIEN ASENTÍA RESPETUOSAMENTE CON LA CABEZA MIENTRAS HABLABA EL COMERCIANTE): Soy mal nadador.
COMERCIANTE : Yo también arriesgo mi vida. (EL COOLI ASIENTE CON RESPETO) No te entiendo. Impulsado por tu avaricia y por móviles mezquinos, no tienes ningún interés en llegar pronto a Urga, sino lo más más tarde posible. ¡Claro, cobras por día! Por eso el viaje en sí no te interesa. Sólo tu jornal.
COOLI (A ORILLAS DEL RÍO, C0MO VACILANDO): ¿Qué hacer? (CANTA): He aquí el río. / Cruzarlo es peligroso. /
En la orilla hay dos hombres. / Uno lo cruza, el otro vacila. / ¿Uno es valiente y el otro cobarde? / Más allá del río, pasado el peligro, / A uno le espera un negocio. / Con firmeza atraviesa la corriente, / Toma posesión de su propiedad / Y se regala con comida fresca. / Pero el otro, pasado el peligro, / Ha perdido el aliento y no atina a moverse. / Un nuevo peligro acecha al desgraciado. / ¿Son valientes los dos? / ¿Son sagaces los dos? / Juntos han conquistado al río, / Pero ahora hay un solo vencedor. / Tú y yo no es ahora lo mismo. / La batalla la ganamos juntos, / Pero tú me vences a mí. / Deja por lo menos que descanse medio día. / Estoy cansado de llevar la carga. / Descansando quizá logre llegar a la otra orilla.
***
El comerciante insiste en cruzar el río y el coolí insiste en ser prudente. No sabe nadar bien, está cansado y lleva sobre los hombros una pesada carga. Pero al comerciante no le importa. Y además es un excelente pedagogo. Le quitará el cansancio y el peso de la carga y lo enseñará a nadar bien a punta de revolver:
COMERCIANTE: Conozco una manera mejor: apoyaré en tu espalda el caño de mi revólver. ¿Apuestas algo a que cruzas el río? (LO EMPUJA DELANTE DE ÉL. HABLANDO CONSIGO MISMO): Mi dinero me hace temer a los bandidos y olvidarme del río. (Canta)

Así vence el hombre al río impetuoso. / El hombre se vence a sí mismo, / Para lograr el petróleo que la humanidad
necesita.

VI. CAMPAMENTO
ES DE NOCHE Y EL COOLI, QUE SE HA FRACTURADO EL BRAZO ATRAVESANDO EL RÍO, TRATA DE LEVANTAR LA CARPA. EL COMERCIANTE ESTÁ SENTADO.

COMERCIANTE: Te dije que no hace falta armar la carpa hoy, pues te has quebrado el brazo al cruzar el río. (EL COOLI SIGUE
TRABAJANDO EN SILENCIO). Si no te hubiera sacado del agua te habrías ahogado. (EL COOLI PROSIGUE SU TAREA). Aunque no sea mía la culpa del accidente. Lo mismo pudo golpearme el tronco a mí. De todos modos este percance te ha sucedido mientras viajabas conmigo. Llevo muy poco dinero, pero en Urga está mi banco y allí te recompensaré.

COOLI: Sí, patrón.

COMERCIANTE: ¡Qué respuesta más pobre! Todas sus miradas quieren convencerme de que lo he perjudicado. Estos coolís son una banda de taimados vengativos. (AL COOLI): Puedes acostarte. (SE ALEJA Y SE SIENTA A CIERTA DISTANCIA.) En realidad, el percance me afecta más a mí que a él. A esta gentuza le da igual estar sanos que lisiados. No ven más allá del borde de su plato. La naturaleza los hizo así y ellos se resignan. Se hacen a un lado ellos mismos, como nosotros arrojamos lo que nos sale mal. Sólo lucha el hombre que se ha realizado (CANTANDO.)
El hombre enfermo muere y el fuerte triunfa. / Y está bien así. / Se ayuda al hombre fuerte y al débil se lo ignora. / Y está bien así. / Deja caer al que cae y agárralo a puntapiés, / Pues está bien así. / El vencedor del combate ocupa su lugar en el festín, / Pues está bien así. / Y el cocinero tacha de su lista a los caídos, / Pues está bien así. / El Dios que creó todas las cosas hizo al patrón y al sirviente./ Y está bien así.
***
La regla de oro, como se sugiere en el Sermón de la Montaña, es la siguiente: “Hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes”. La regla de oro, como se diría en el Kamasutra, podría ser: “Hágales a otros lo que a usted le gustaría que le hicieran”. La regla de oro, según el refrán o dicho popular, es que quien tiene el oro pone la regla. El que tiene el revólver pone la regla. Pone todas la reglas. La excepción y la regla. Las reglas y las excepciones que dicta el poder, no las reglas naturales, sino los ordenamientos que nos oprimen y acogotan...
Eso es lo que estamos viendo en este viaje.




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sábado, 18 de septiembre de 2021

La excepción y la regla (2)

Pedro Conde Sturla

17 septiembre, 2021

El grupo de viajeros ha llegado con anticipación al puesto Han y el cargador está agotado, al borde del colapso, pero el comerciante se atribuye el mérito. Desborda energía, entusiasmo, soberbia. Se ve a sí mismo como el hombre fuerte del grupo. En su visión darwiniana de la sociedad, el cargador y el guía no son más que unos seres debiluchos y sin iniciativa propia, “¡Miserable chusma!”. En cambio él consigue todo lo que se propone.

Sin embargo, un pensamiento inquietante traiciona su exceso de confianza. Frente a ellos se extiende ahora “el desierto Jahí, totalmente deshabitado”, y en la soledad del desierto dependerá más que nunca de esos seres inferiores a los que ha venido maltratando durante el camino. Ensaya entonces una actitud conciliatoria para tratar de ganarse el aprecio de los hombres que desprecia. Por un momento fingirá o tratará de fingir ser una oveja, pero los colmillos se le notan desde que abre la boca, y el guía se da cuenta de que algo trama:

GUÍA: Desde que hablamos con los policías nuestro comerciante parece cambiado. Su tono es muy distinto, casi amistoso. Eso nada tiene que ver con el ritmo del viaje, ya que tampoco aquí, en esta última parada antes del desierto Jahí, nos detendremos para descansar. No sé cómo hacer para llevar al changador, tan agotado, hasta Urga. Esta cordialidad del comerciante me inquieta mucho. Temo que esté tramando algo. Anda mucho de un lado a otro, sumido en cavilaciones. Nuevos pensamientos, nuevas vilezas. Pero de todos modos el changador y yo tenemos que aguantarlo. De lo contrario no nos pagará y nos despedirá en mitad del desierto.

***
La hipócrita cordialidad del comerciante va de la mano con la intención de sembrar cizaña entre el cargador y el guía, pero mientras mayor empeño pone en el trámite, mayor desconfianza provoca:
COMERCIANTE: Sentémonos, amigo. ¿Por qué no te sientas? Un viaje como éste acerca a los hombres. Si no quieres, puedes quedarte de pie. Vosotros también tenéis vuestras costumbres. Yo generalmente no me siento contigo y tú, a tu vez, no lo haces con el changador. Sobre estas diferencias está construido el orden del mundo. Pero podemos fumar juntos... ¿o no? (SE RÍE) Eso es lo que me gusta de ti. Es también una especie de orgullo. Junta, pues, todo el equipaje y no te olvides del agua. Dicen que hay pocos pozos en el desierto. Además, amigo mío, quisiera prevenirte: ¿Viste cómo te miró el changador cuando lo trataste rudamente? Había algo en su expresión que no indicaba nada bueno. No obstante, deberás ser más enérgico con él los próximos días, pues tendremos que apurar la marcha. Y es haragán. La región hacia la que nos dirigimos es desierta y posiblemente allí muestre su verdadera cara. Razón suficiente para que él te odie. Harás bien en mantenerte alejado de él.

***
El guía lo escucha con recelo y finalmente lo rechaza. Al cabo de un rato, sin decir palabra, abandona su compañía y se reúne con el coolí, le ofrece tabaco y entabla con él una amena conversación:
COOLI- El comerciante dice siempre que hace un bien a la humanidad sacando petróleo de la tierra, que si se hace salir el petróleo del suelo, habrá trenes y se extenderá el bienestar. Dice que aquí mismo habrá trenes. ¿De qué viviré yo entonces?
GUÍA Tranquilízate. No habrá trenes tan pronto. Oí decir que cuando encuentran petróleo guardan el secreto. Al que tapa el pozo se le paga por callarse. Por eso se apura tanto el comerciante. No es petróleo lo que busca, sino el precio del silencio.

***
Sin que ninguno se dé cuenta, el comerciante escucha la conversación detrás de una puerta y malinterpreta todo lo que dicen. El comerciante no puede entender lo que sucede, no entiende lo que significa solidaridad de clase y se imagina que el guía está tratando de malograr el viaje:
COOLI ¿Es difícil de cruzar el río Mir?
GUÍA En esta época del año, generalmente no; pero cuando crecen las aguas, la corriente es tan fuerte que quien la cruza arriesga la vida.
COMERCIANTE: ¡Pero está hablando con el changador! Con él sí puede sentarse y fumar.
COOLI- ¿Qué se hace en estos casos?
GUÍA: A veces es necesario esperar una semana para pode cruzar sin peligro.
COMERCIANTE: ¡Qué descaro! Hasta le aconseja que se tome todo el tiempo que quiera y cuide bien su preciosa vida. Es un tipo peligroso. Incluso será capaz de defenderlo. No hay nada que hacer. No es hombre para esto... Si no le da por hacer algo peor. En suma, a partir de hoy van a ser dos contra uno. Es evidente que tiene miedo de tratar con fuerza a quien lleva bajo su mando, ahora que vamos a cruzar un paraje desolado. No tengo más remedio que quitarme de encima a ese individuo. (SE ACERCA AL LUGAR EN QUE SE HALLAN LOS OTROS DOS.) Te mandé controlar si se está haciendo bien el equipaje. Veamos si cumples mis órdenes. (TIRONEA DE LA CORREA DE EL BULTO HASTA QUE SE ROMPE.) ¿A esto llamas hacer bien un bulto? Una correa rota es un día perdido. Pero esto es justamente lo que quieres: parar.
GUÍA:Yo no quiero parar. Y la correa no se rompe si no se la tironea tanto.
COMERCIANTE: ¡Cómo! ¿Encima me contradices? ¿Se rompió o no la correa? Atrévete a decirme a a cara que no se ha roto. No se puede contar contigo para nada. He cometido un error al tratarte dignamente. Ninguno de los dos se lo merece. Un guía que no inspira respeto al personal no me sirve. Pareces más adecuado para changador que para guía. Hasta podría creeré que tratas de sublevar al personal.
GUÍA: ¿Por qué?
COMERCIANTE: Sí, eso es lo que quieres saber. Terminemos. Quedas despedido.
GUÍA: Pero usted no puede despedirme así, a mitad de camino.
COMERCIANTE: Puedes estar contento de que no presente mi queja en la agencia de colocaciones de Urga. Aquí tienes el salario que te corresponde hasta este punto.
***
Una vez despedido, el guía se acerca nuevamente al coolí para tratar de aconsejarlo, pero el coolí lo rechaza. A su manera, él también entiende que “el orden del mundo” está construido sobre unas diferencias insalvables, diferencias naturales que no deben ser transgredidas, y no quiere provocar la ira del comerciante. Adopta la sumisión como norma de vida:
GUÍA (AL COOLI): Cometí el error al sentarme a tu lado. Ten cuidado, ese hombre es malo. (LE ALCANZA SU BOTELLA DE AGUA). Guarda esta cantimplora como reserva. Escóndela. Si llegáis a perderos, con seguridad que te quitará la tuya. ¿Y cómo harías para encontrar la ruta? Te enseñaré el camino.
COOLI: Mejor no lo hagas. No debe oírte hablando conmigo. Si me despide, estoy perdido. Nada le obliga a pagarme, ya que no pertenezco a ningún sindicato, como tú. Puede hacerme cualquier cosa.
***
El comerciante se dirige ahora al tabernero para que le explique al coolí la forma de llegar a su destino. El tabernero le explicará al guía y el guía fingirá que entiende para no disgustar al comerciante. Todos los ingredientes de la tragedia están servidos:
COMERCIANTE: (AL TABERNERO): Entregue esta carta a la gente que llegará mañana aquí, en viaje hacia Urga. Yo proseguiré solo con mi changador.

TABERNERO: (ASIENTE CON LA CABEZA Y TOMA LA CARTA): Pero no es un guía...

COMERCIANTE (PARA SÍ): ¡Ah, así que entiende! Antes no quiso entender.. Conoce el asunto. No quiere ser testigo en estas cosas. (AL TABERNERO, RUDAMENTE): Indique a mi changador el camino a Urga. (EL TABERNERO SALE Y EXPLICA AL COOLI EL CAMINO A URGA. ESTE, A SU VEZ, ASIENTE CON LA CABEZA, VIVA Y REITERADAMENTE, EN SEÑAL DE COMPRENSIÓN.) Veo que habrá lucha. (SACA SU REVÓLVER Y LO LIMPIA, CANTANDO:)
El hombre débil perece y el fuerte triunfa.

¿Por qué la tierra debe entregar su petróleo? ¿Por qué el coolí debe cargar mi equipaje? Hay que luchar por el petróleo
contra la tierra y el coolí.

Y en esta lucha el lema será:

El hombre débil perece y el fuerte triunfa.
COMERCIANTE (AL COOLÍ: ¿Conoces el camino ahora?
COOLI: Sí, señor.
COMERCIANTE Andando, entonces.
EL COMERCIANTE Y EL COOLI SALEN. EL TABERNERO Y EL GUÍA LOS SIGUEN CON LA MIRADA.
GUÍA: No sé si mi colega entendió realmente. Tardó muy poco para comprender.

viernes, 10 de septiembre de 2021

La excepción y la regla (1)

Pedro Conde Sturla

10 septiembre, 2021

La excepción y la regla es uno de esos pequeños libros que cambian la vida de la gente. Cuenta la historia de un viaje y tres viajeros por la tierra de Gengis Kan, por una extraña Mongolia más o menos imaginaria, pero no tiene nada que ver con uno ni con otra. Es un viaje didáctico, al estilo de Bertolt Brecht, en el que siempre se enseña y se aprende algo. El viaje de un comerciante abusador y dos abusados. Un explotador y dos reventados.

Uno de los abusados es un guía que conoce la región y el otro es un changador, una especie de bestia de carga, uno de esos seres llamados coolí o culí. Es decir, el término despectivo con el que se designaba a los trabajadores oriundos de China, India y otros países asiáticos. Los mismos que murieron por millares durante la construcción del primer ferrocarril transcontinental de Estados Unidos y en la construcción del Canal de Panamá.

El hecho es que al comerciante le urge llegar a la ciudad de Urga (Ulán Bator) para reclamar una jugosa concesión petrolera y no puede permitir que nadie se le adelante si no quiere perder el negocio. Ha contratado al guía y al cargador, sin los cuales no podría realizar la peligrosa travesía, pero la única manera que se le ocurre para apresurar el viaje es maltratarlos sin cesar. Los maltrata con insultos, con golpes, con el desprecio que lo convierte a sí mismo en despreciable. Con el manifiesto desprecio de un hombre despreciable.

Lo que pretende descaradamente Bertolt Brecht desde el inicio es que observemos “con atención la conducta de esta gente” durante el viaje. Una conducta que podrá parecer “rara, pero admisible, / Inexplicable, aunque común, / Incomprensible, mas dentro de las reglas”.

Lo que pretende el taimado subvertidor del orden establecido es algo antisocial. Pretende que aprendamos a desconfiar “del acto más trivial y en apariencia sencillo”. Pretende que examinemos, “sobre todo, lo que parezca habitual”. Suplica expresamente que no aceptemos “lo habitual como una cosa natural”.

El ateo y disociador Bertolt Brecht jura y perjura que “en tiempos de desorden sangriento, / De confusión organizada, / De arbitrariedad consciente, / De humanidad deshumanizada, / Nada debe parecer natural, / Nada debe parecer imposible de cambiar”.

Aparentemente quiere decirnos que las cosas habituales, las cosas que se hacen y deshacen diariamente no son, por habituales, necesariamente naturales. En las películas del oeste parece habitual y natural que los vaqueros maten a los indios, pero esto es solamente habitual, no natural. Tampoco es natural que haya tanta gente pobre. Todo esto es habitual, no natural. No es natural ser pobre. No es natural que los negros feos sean los malos de la película y los blancos bonitos sean los buenos. No es natural la explotación del hombre por el hombre y mucho menos la esclavitud. Es solamente habitual. Aberrantemente habitual.
Todo o casi todo en La excepción y la regla invita a reflexionar, a pensar y repensar de una manera distinta sobre estas cosas habituales y naturales. Nos invita, reiteradamente, a que examinemos, “sobre todo, lo que parezca habitual”. Suplica expresamente que no aceptemos “lo habitual como una cosa natural”:

I
CARRERA EN EL DESIERTO UNA PEQUEÑA EXPEDICIÓN
MARCHA APRESURADAMENTE POR EL DESIERTO.
COMERCIANTE (A SUS DOS ACOMPAÑANTES, EL GUÍA Y EL COOLI QUE LLEVA EL EQUIPAJE): Rápido, haraganes; pasado mañana tenemos que llegar al puesto Han. Cueste lo que cueste debernos lograr un día de ventaja. (AL PUBLICO.) Soy el comerciante Karl Langman y viajo a Urga para ultimar los detalles de una concesión. Detrás vienen mis competidores. El que llegue primero cierra el trato. Gracias a mi astucia, a mi energía para vencer dificultades y a mi mano dura con el personal, logré recorrer la distancia en la mitad del tiempo habitual. Lamentablemente, mis competidores desarrollan igual velocidad. (MIRA HACIA ATRÁS CON SU ANTEOJO LARGAVISTA.) ¡Vean un poco, otra vez pisándonos los talones! (AL GUIA.) ¿Por qué no apuras al changador? Te empleé para eso, pero vosotros queréis pasear a costa mía... ¿Sabes cuánto me cuesta este viaje? Claro, el dinero no es vuestro. Si no colaboráis conmigo, me quejaré en Urga a la agencia de colocaciones.
GUÍA: (AL CHANGADOR): Vamos, camina más rápido.
COMERCIANTE: No hablas como es debido, nunca serás un verdadero guía. Debí tomar uno más caro. Están acortando distancia a cada momento. ¡Pégale de una vez! No soy amigo de los golpes, pero ahora son necesarios. Si no llego primero, estoy arruinado. Empleaste de changador a tu propio hermano. Confiésalo. Es pariente tuyo y por eso no le pegas. ¡Si los conoceré yo...! Crueldad les sobra. ¡Pégale o te despido! Luego podrás reclamar tu salario ante la justicia. ¡Por amor de Dios, que nos alcanzan!
COOLI (AL GUIA): Pégame, pero no con todas tus fuerzas, porque si debo llegar al puesto Han tengo que ahorrar energías. EL GUÍA GOLPEA AL COOLI
GRITOS DESDE ATRÁS: Hola, ¿es este el camino a Urga? ¡Somos gente de paz! ¡Espérennos!
COMERCIANTE (NO RESPONDE NI TAMPOCO SE DA LA VUELTA): ¡Que el demonio se los lleve! ¡Adelante! Serán tres días de apurar a mi gente, los dos primeros con injurias, el tercero prometiendo que en Urga todo se arreglará. Mis competidores no dejan de pisarme los talones, pero durante la segunda noche no pienso detenerme. Así me habrán perdido de vista. (CANTA):
El no haber dormido me dio ventaja.
Apurarlos me hizo adelantar.
El hombre débil se queda atrás
y el fuerte llega primero.

xxx
El comerciante, por lo que puede verse, es todo un filósofo. Un hombre superior, enérgico, que se mira a sí mismo con ojos de gigante. Siente que está por encima de sus semejantes, a los que considera quizás poco menos que hormigas:

II
AL FINAL DE LA RUTA TRANSITADA
COMERCIANTE (FRENTE AL PUESTO HAN): Henos aquí en el puesto Han. Gracias a Dios llegué un día antes que cualquier otro. Mis hombres están exhaustos. Además se sienten amargados, no sirven para batir records. No saben luchar. ¡Miserable chusma! Naturalmente, no se atreven a decir nada, pues gracias a Dios existe aun la policía para mantener el orden.
DOS POLICIAS (SE ACERCAN): ¿Todo bien, señor? ¿Está satisfecho con el camino? ¿Conforme con el personal?
COMERCIANTE: Todo en orden. Hice el viaje en tres días, en lugar de cuatro. El camino es miserable, pero yo consigo lo que me propongo. ¿En qué estado se encuentra la ruta a partir de aquí? ¿Qué viene ahora?
LOS POLICÍAS: Ahora, señor, viene el desierto Jahí, totalmente deshabitado.
COMERCIANTE: ¿Se puede lograr escolta policial?
LOS POLICÍAS (ALEJÁNDOSE): No, señor, somos la última patrulla que encontrará.



La repatriación armada (1-25)

  17/10/26 La repatriación armada (1)  Pedro Conde Sturla La bestia se enteró del derrocamiento y de la llegada del dictador Fulgencio Batis...