domingo, 30 de enero de 2022

En busca de Juan Pablo Duarte

05-08-2012 

Una reflexión de Antonio Thomen sobre la vida del Padre de la Patria

[Cedo hoy la palabra a un personaje de mi más alta estima, el Doctor ANTONIO THOMEN, nacido hace casi 80 años, impresor durante cuatro  décadas al frente de su Impresora Nacional, abogante, pero no abogado, como él mismo se define, exiliado, diplomático, relacionista público, bioconservacionista, duartiano a carta cabal y defensor de causas perdidas.

Thomen es autor de varios ensayos, entre los que se cuentan: “El Sol: Fuente de Vida”,  “En Defensa de la Naturaleza”, “Matrimonio, Divorcio y Nulidad”, “El Poder y el Veneno”,  “Consejos que me dio mi padre: la Cartilla Esencial” (1995-1996), del que se han vendido siete mil ejemplares, y  “Un Manual para la Vida: Compendio de  Sabiduría Universal” (2009), que considera su obra cumbre.

Desde hace quince años Antonio Thomen colabora con el Instituto Duartiano en la tarea de divulgar la vida, ideales y obra de quien considera “ideólogo y fundador de nuestra Nación: el más virtuoso de los paradigmas que ha parido esta tierra, el inmortal Juan Pablo Duarte”, al cual dedica tan oportunamente en estos días de celebraciones fatuas su enjundioso y apasionado artículo “En busca de Juan Pablo Duarte”. PCS]

Antonio Thomen

La ley suprema del Pueblo Dominicano es y será siempre su existencia política como nación libre e independiente de toda dominación, protectorado, interferencia e influencia extranjera”.

J. P.D. Proyecto de Ley Fundamental.

La Historia Universal escrita está plagada de errores, omisiones, fantasías, anacronismos, falsedades, lagunas y aberraciones; y nuestro país no es la excepción. No obstante el corto tiempo de su existencia, abundan casos y se mantienen mitos. Los hay, y abundantes, relativos a Juan Pablo Duarte, de quien nos ocupa el presente comentario.

Sobre el Fundador de la República se han publicado no menos de una docena de biografías, cientos de ensayos y numerosos artículos, elegías y poemas. En una bibliografía que estamos elaborando, hemos alcanzado hasta 84 páginas, y todavía faltan muchas. Los seguidores de los principios y del ideario de Duarte continúan llenando cuartillas. En realidad, hemos estado dando vueltas como el mastín que trata de morderse la cola. Siempre hemos tenido la sensación de que algo falta en relación con su gloriosa y a la vez infortunada vida.

Todavía hay quienes dudan de sus virtudes y piensan que nuestro progenitor no es él, sino que es Pedro Santana y Familia, o Francisco del Rosario Sánchez, o aún Gregorio Luperón. Se discute sobre su carácter, su valentía, su hombría y hasta su status económico.   En el siglo XX apareció un funesto personaje que los aduladores de siempre titularon “Padre de la Patria Nueva”. Subsisten grandes incógnitas y contradicciones sobre la vida y las ejecutorias de nuestro Padre Fundador. Hay nebulosas que es preciso aclarar.

Muchos de sus autoproclamados adeptos, son en realidad orcopolitas* solapados, o sean los retrógrados que admiran las “hazañas” de Santana, Báez, Heureaux y Trujillo. En consecuencia, el culto a nuestro prócer no puede limitarse a una triste eucaristía una vez al año, a una ofrenda floral ante la urna que contiene sus huesos convertidos en polvo,  en una ridícula nota de prensa, o en un panegírico que se repite monótonamente. Es preciso hurgar, descubrir y discutir la trayectoria de dignidad y soberanía de nuestro principal Héroe Nacional. Hay que escarbar y revelar los misterios de su psiquis, el porqué de su prolongado retiro como cenobita en los confines de la selva amazónica. ¿Es cierto

que, como afirma Joaquín Balaguer en El Cristo de la Libertad, “no conoció mujer”. ¿Sufrió períodos de melancolía, como afirman algunos psiquiatras?  ¿Era un cobarde? como alegan sus detractores. ¿Era acaudalado en Venezuela?  ¿Es Duarte nuestro único y verdadero Padre de la Patria? como afirma Juan Isidro Jimenes Grullón.

Falta de documentación.- Cuenta Rosa, su hermana y cronista, que en su destierro el prócer pidió le enviasen sus documentos privados, pero un familiar los incineró temiendo que cayesen en manos enemigas. Existe un oscuro episodio que cuenta de un caballero que tomó un legajo de sus papeles a título de préstamo y aún se ignora su destino final. Inclusive, hoy día ofrecen en venta manuscritos del Patricio. Don Mariano Lebrón recopiló en un pequeño volumen aquellos que pudo recoger. Empero, se ignora la importancia y la cantidad de los que no aparecen.

Vida afectiva.- Relatan que JPD tuvo dos novias: Ma. Antonia Bobadilla y Prudencia Lluberes; con ambas Juan Pablo formalizó sus relaciones con anillos de compromiso. Son pocos los informes sobre esos amores platónicos.

¿Casó Duarte alguna vez? Sus biógrafos hacen mutis sobre ello; hacen abstracción de tal posibilidad. No obstante, el historiador puertorriqueño Luis Padilla D´Onis argumenta en una sorprendente y despreciada obra (por no ofrecer documentación que la respalde), que nuestro personaje contrajo matrimonio en privado con una prima llamada Vicenta. Relata que la primogénita de esa unión se llamó María del Carmen Sandalia Duarte y Diez, habiendo posteriormente nacido una segunda hija denominada Sinforosa. Padilla narra que Juan Pablo, cuidando por la seguridad de ellas, las envió a vivir de incógnito en Sabana de la Mar o El Jovero en Miches.

Padilla ofrece abundante información: alega que la niña Sandalia que secuestrada por unos piratas, para luego reaparecer trastornada hasta morir de tristeza. En los Apuntes de Rosa Duarte se hace referencia tangencial de la menor, sin ofrecer mayores detalles. Don Luis muestra numerosas fotografías de alegados descendientes, teniendo la mayoría asombroso parecido a nuestro prócer. También narra que Juan Pablo encontró un nuevo amor en Venezuela, habiendo nacido un varón de ese otro romance. ¿Se ha discutido públicamente la veracidad de este asunto, o era tan grave el “pecado” de una relación sentimental entre parientes cercanos? Cabe también interrogarse si alguna vez se ha tenido en cuenta que desde hace años existe la prueba genética del ADN que pudiera establecer científicamente la autenticidad, o no, del parentesco de los que alegan ser descendientes del Pater Noster nacional. Aunque reputados historiadores y la Sociedad Dominicana de Genealógía niegan o ponen en extrema duda la especie, el referido autor cita testigos, abunda en detalles, cuya credibilidad depende del cristal con que se mire el asunto: si se desea adorar a un santurrón o a un hombre de carne y hueso con impulsos naturales. Mientras, los alegados familiares prefieren permanecer inexplicablemente callados, un manto de silencio impide que la verdad resplandezca.

Hombría.- Relatan viejos militares de la época trujillista que en la academia se les enseñaba que nuestro prócer cabalgaba en silla propia para féminas. E inclusive, conspicuos adeptos y detractores del apóstol lo han descrito como un ser “delicado”. (Realmente, era enfermizo: sufría de frecuentes “fiebres cerebrales”, probablemente paludismo). Ante esas realidades, sólo cabe inquirir la posibilidad de que alguien con atributos de género dudosos pudiera haber convencido a millares de prosélitos para la magna obra de lograr la Independencia y crear una nación.

Antonio Thomen

Esta victoria de Juan Pablo -además de que se perfilaba como poderoso rival de Santana por la presidencia de la República- le ocasionó el destierro a él y a sus adeptos a raíz de que el hatero-combatiente diera un golpe de estado militar y se convirtiera en implacable dictador. Por medio de la Resolución No.16 de la denominada Junta Central Gubernativa, fechada el 22 de agosto de 1844 y 1º. de la Patria, ésta dispuso que “los Generales de brigada J .P. Duarte, Ramón Mella, Francisco Sánchez; los comandantes Pedro Pina, Gregorio del Valle, Juan Jimenes y el capitán J.J. Illas y el Sr. J. Isidro Pérez, secretario que fue de la Junta Central Gubernativa, han sido traidores e infieles a la Patria, y como tal indignos de los empleos y cargos que ejercían, de los que quedan depuestos y destituidos desde ese día; ordena que todos ellos sean inmediatamente desterrados y estrañados (sic) a perpetuidad del país,  sin que puedan volver a poner pie en él, bajo la pena de muerte que será ejecutada en la persona del que lo hiciere, después que sea aprehendido y que se justifique la  identidad de su persona . . .”

Execrado.- Retrospectivamente, el 15 de marzo de 1844, el Apóstol regresó de su exilio a la Patria recién liberada. En el puerto de Santo Domingo lo recibió alborozada una multitud entre la cual se encontraba Tomás Portes e Infante, arzobispo recién nombrado, quien saludó a Juan Pablo con el grito de: ¡Salve. Oh Padre de la Patria!

Cuatro meses después, en el 24 de julio, el mismo prelado emitió una Carta Pastoral que terminaba de la siguiente manera: ….. “que os mantengáis en tranquilidad, que no abuseis de su misericordia (de Dios),  y advertid que el es muy zeloso de su honor y de su gloria y ya vosotros estais comprometidos y por supuesto se dará por ofendido si no  obedecéis los mandatos y ordenes, tanto dl. Gral. de Division, y gefe supremo Santana, como los de la Junta Gubernativa y ya tanto dl., pa. lo cual os conminamos con excomunión mayor, a cualquiera clase de persona que se mezclase en trastornar las disposiciones de nuestro sabio Gobierno, y del bien social y decid todos vosotros con el Profeta David a Nuestra gn. Des.: bendecid, a éste pueblo pa. qe. en vuestra gloria eterna seamos contados en el numero de vuestros escogidos, pa. qe. como  lo esperamos brille sobre cada uno de nosotros vuestra misericordia, y no nos veamos confundidos con los reprobos.”

¿Qué sucedió entre esas dos fechas? ¿Qué hizo al prelado cambiar tan radicalmente de actitud, que Duarte, fervoroso católico, y los trinitarios que lo seguían merecieran tan grave sentencia?  ¿Porqué se ha mantenido en silencio la Carta Pastoral durante tantos años?   ¿Será ignorancia, olvido o negligencia? Creemos necesaria una explicación razonable. De ninguna manera vamos a calificar este lapsus, pero el asunto está planteado. No obstante, hay que reconocer que Monseñor Fernando Arturo de Meriño, arzobispo y expresidente de la República, visitó a Duarte próximo a fallecer, en su último exilio, y le rindió un justo homenaje al pronunciar un enjundioso y vibrante discurso de apoteosis ante sus restos, cuando estos fueron traídos desde Venezuela. En esa pieza oratoria pronunciada en la catedral primada de América, Meriño reconoció e hizo honor al Padre de la Patria. Y justo es también admitir que el actual Cardenal López Rodríguez dedicó más recientemente una homilía a nuestro Apóstol en una eucaristía realizada en celebración de su onomástico.

Razonamiento.- A nuestro humilde juicio, nadie ha podido igualar y mucho menos superar en nuestro país la pureza moral, el concepto de dignidad y defensa intransigente de soberanía de nuestro héroe primigenio. Cuando se acerca la fecha del bicentenario de su nacimiento, cabe tratar de encontrar soluciones lógicas a los enigmas que acompañan su vida rodeada de tabúes que se pretende ocultar o disfrazar.

Ante lo expuesto, consideramos que si bien históricamente Juan Pablo es considerado como la figura máxima de nuestra liberación y autoría como nación, su persona, doctrina y logros deben ser conocidos

en su justa dimensión, sin exageraciones, mutilaciones o simulación. El pueblo dominicano tiene harto derecho a ello. Es preciso investigar profundamente por obtener tal conocimiento. Es el momento adecuado, después de más de ciento y tantos años de independencia.

No es ocioso decir que los gobernantes dominicanos no han querido o sabido ejercer una labor reivindicadora. Uno llega a la conclusión de que la gran mayoría de nuestros mandatarios han copiado

o seguido las ejecutorias de las contrapartes históricas de nuestro héroe máximo. Juan Pablo Duarte amerita ser reverenciado a plenitud por todo dominicano. Pero, primero hay que conocer al verdadero Duarte. ¡Ese es nuestro ineludible e impostergable deber!

Referencias.

*Neologismo ideado por Duarte. Se refiere a los habitantes del Infierno.

1.- Escritos de Juan Pablo Duarte, recopilados por Mariano Lebrón       Saviñón. Primera edición por la Oficina Nacional de Administración y Personal (ONAP), Santo. Domingo. Subsecuentes ediciones por el  Instituto Duartiano.

2.- Ideario de Juan Pablo Duarte, recopilado por Vetilio Alfau Durán.

Santo Domingo, 1944. Numerosas reediciones.

3.- Apuntes de Rosa Duarte. Archivo de Duarte. Edición y Notas por Emilio Rodríguez Demorizi, Carlos Larrazabal Blanco y Vetilio Alfau Durán. Clío, Academia Dominicana de la Historia, Santo Domingo, 1970. Ediciones subsiguientes por el Instituto Duartiano.

4.- Proyecto de Ley Fundamental, por Juan Pablo Duarte. Aparece en los Apuntes de Rosa Duarte.

5.- El Cristo de la Libertad, por Joaquín Balaguer. Primera edición Editorial Americalee, Buenos Aires, Argentina.1956. Numerosas ediciones subsecuentes en Santo Domingo.

6.- Carta Pastoral evacuada por Monseñor Tomás de Portes e Infante, Santo Domingo, 24 de julio, 1844.

7.- Resolución Núm.16, de la Junta Central Gubernativa, Santo Domingo, 22 de agosto, 1844. Colección de Leyes, Tomo lro.

8.- El Mito de los Padres de la Patria, por Juan Isidro Jimenes Grullón,

Con Prólogo por Julio G. Campillo Pérez. Editora Cultural Dominicana, S.A., Santo. Domingo, 1969.

9.-Galería de Dominicanos Ilustres. Juan Pablo Duarte y sus      Descendientes, por Luis Padilla D´Onis. Edición y Prólogo por Raimundo Tirado, Litografía Industrial Dominicana, Santo Domingo, 1992.

10.- Oración de Apoteosis de Juan Pablo Duarte, por Monseñor Fernando Arturo de Meriño. Pronunciada en la Catedral Primada de América, ante los restos de JPD, recién llegados de Venezuela, 1884.

11.-Homilía en la Iglesia de Santa Bárbara, en 171º. Aniversario del nacimiento de Juan Pablo Duarte, 26 de enero de 1984. Misa ofrecida por el Instituto Duartiano. Monseñor Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez.

12.- Sandalia Duarte Díez: Una existencia enigmática. Cápsulas Genealógicas del Instituto Dominicano de Genealogía. Sección Areíto , del periódico Hoy, Santo Domingo, Dos entregas: 21 y 28 de abril, 2007. (Antonio Thomen).

Santo Domingo.

Junio 2012

sábado, 8 de enero de 2022

El círculo del poder (5): El derrumbe de Paulino

Pedro Conde Sturla 

8 enero, 2022

Anselmo Paulino Álvarez probablemente nunca tuvo indicios de que había caído en desgracia. El ojo mágico que todo lo veía y todo lo sabía le falló en el momento en que más falta le hacía, no pudo ver el abismo que estaba a punto de abrirse bajo sus pies. Y lo peor es que quizás había sucedido porque en esa época ya se había divorciado de Madame Andree García. El divorcio de la Madame haitiana y su matrimonio con Maria Alida Aguilar debilitaron —como todos sabían y decían— sus vínculos con el vudú y contribuyeron a su desgracia.

Nadie como él había perseverado en la gracia, en el favor y la gracia del querido jefe, nadie como él se había encumbrado tanto al servicio de la bestia y nadie caería de forma tan abrupta y desde tanta altura como cayó Paulino, al cabo de más de veinte años de exitosa carrera de trepador político. Cayó como guanábana, cayó exactamente como una guanábana madura.

Cayó desde la más alta cima, del más encumbrado pedestal, cayó de la gracia del Jefe, pero no hizo plof ni hizo plaf. Hizo un ruido terrible, el ruido sorpresivo de un bombazo que se escuchó y se sintió en todo el territorio, estremeció literalmente al país político.
Y sin embargo, todo parecía estar bien o mejor que nunca entre Paulino y la bestia, en especial durante los últimos meses. De hecho, la buena estrella de Paulino parecía brillar en el firmamento con mayor intensidad en el momento de su derrumbe. Apenas unas semanas antes, en el mes de junio de 1954, la misma bestia lo había enviado a España a ultimar los pormenores de un viaje que la bestia realizaría por invitación de su amigo Francisco Franco, el generalísimo caudillo por la gracias de Dios, a quien Paulino conoció personalmente. Después había regresado al país para hacerse cargo del gobierno durante la ausencia de la bestia.

Por si fuera poco, Paulino había sido uno de los pocos llamados, de los pocos elegidos para formar parte de la selecta comisión de hombres públicos que poco tiempo después asistió al Vaticano con motivo de la firma del Concordato, el flamante tratado internacional de colaboración entre la Santa Sede y el gobierno dominicano que se firmaría en Roma el 16 de julio de 1954.
La comisión, de la que Paulino formaba parte, estaba integrada por unos personajes ilustres, una élite, la más selecta crema política y militar del régimen de la bestia, y fue generosamente recibida en una audiencia de unos diez minutos en la cámara personal del santo padre, su ilustrísima santidad Pío XII.

Una foto memorable recoge la solemnidad del evento, uno de los grandes momentos que se vivieron en esos históricos minutos. Allí aparecen el papa, entre la bestia y Paulino, entre el generalísimo Trujillo, vestido elegantemente de etiqueta, y el mayor general honorífico Anselmo Paulino Álvarez, vestido de militar. Al lado de Trujillo, a mano izquierda, figura Joaquín Balaguer, su santidad Joaquín Balaguer, el engendro demoníaco que Crassweller define como un dechado de moralidad y piedad profunda. También estuvieron presentes el coronel Pedro Trujillo, hermano de la bestia y miembro de su guardia personal, y estaba presente el capitán Fernando Sánchez y el Sr.Atilano Vicini. Pero además estaba presente, justo detrás de Balaguer, un oficial con gafas oscuras, un personaje tenebroso que daría mucho de que hablar en los peores tiempos de la bestia: el coronel Arturo Espaillat, el célebre asesino y torturador que se ganaría muy merecidamente el apodo siniestro de Navajita.

Todo, en apariencia, salvo algunas señales agoreras a las que Paulino no le prestó mayor atención, había salido como quien dice a pedir de boca en la última etapa de su carrera ascensionista, y su regreso al país parecía reservarle los más auspiciosos acontecimientos. Pero entre la bestia y el caudillo, entre el generalísimo dominicano y el generalísimo caudillo de todas las Españas había pasado algo que Paulino ignoraba. Fue algo que sucedió en el momento en que la bestia se despedía del caudillo, en el momento crucial en que Trujillo le preguntó a Franco, quizás de manera retórica y casual, que cuándo le haría su excelencia el gran honor de visitar la República Dominicana. Franco le respondió en un tono que parecía ser de disculpa, de lamentación y de advertencia a la vez. Le dijo a la bestia unas palabras aladas. Le dijo, generalísimo, lamentablemente yo no tengo un hombre como el general Paulino en el que pueda delegar el poder como lo hace usted. Un hombre como Paulino —había dicho Franco— exactamente Paulino. Un hombre capaz de sustituirlo.

Parecía una respuesta desmaliciada y hubiera sido desmaliciada en boca de otra persona, pero no en boca de Franco ni en los oídos de la bestia, y de inmediato incendió la llama de la sospecha. Una persona como Franco, que destilaba veneno por la piel y que probablemente cuidaba cada palabra que decía, un ser correoso, tóxico, intrigante como él no hubiera pronunciado aquellas palabras a la ligera. La bestia y el caudillo se entendían.
Aquellos seres monstruosos simpatizaron desde el primer momento en que se conocieron y quizás mucho antes de conocerse, hablaban en el código del poder y muchas de las cosas que tenían que decir no tenían necesidad de palabras explícitas.
Aparentemente Paulino se había ido de boca, se había jactado libremente de la confianza que en su persona depositaba la bestia. ¿Pero era simple jactancia o su ambición al desnudo? ¡Acaso no estaba alimentando y manifestando sus propias ambiciones?

El hecho es que —como dice Crassweller—durante el resto del viaje e incluso después del regreso a Ciudad Trujillo, Paulino fue víctima de algunos desaires, desplantes, desconsideraciones a las que sin embargo ya estaba acostumbrado de alguna manera, las rutinarias desconsideraciones con que el querido jefe solía recordar, incluso a los más encumbrados personajes, quién era el pato macho del corral.

Paulino, pues, al parecer, no sabía nada, no sospechaba nada. No vio venir ni vería lo que le caería encima hasta que le cayó encima.

Una noche—según se dice—la bestia le pidió que lo acompañara en uno de sus acostumbrados paseos nocturnos. Los paseos que realizaba casi diariamente en compañía de sus más íntimos cortesanos, desde la casa de su madre, la excelsa matrona, hasta el malecón. Le había pedido, además, que estuviera presente a las siete y media —precisamente a las siete y media— y uniformado de general. Precisamente de general. Por lo demás, la velada había transcurrido con normalidad, la hipertensa normalidad con que ocurrían las cosas si Trujillo estaba presente.
Cuando Paulino se quedó solo alguien se acercó a decirle algo y le dijo algo. Le preguntó si no había escuchado lo que estaban diciendo de él en la radio. Paulino se quedaría estumefacto y estupefacto. Al poco rato sabría que ya no era nadie, ni siquiera general, que lo estaban despojando de todos sus cargos y privilegios, que lo están desmantelando, que lo estaban desplumando como a un pollo, que lo estaban encuerando públicamente y que iría a parar a la cárcel.

(Historia criminal del trujillato [70])

Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.


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